Del 21 al 28 de febrero se desarrolló en Cartagena la ICARRD+20, encuentro internacional acompañado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), donde participaron gobiernos, organismos internacionales y organizaciones sociales de distintos países para discutir el futuro del campo y las políticas agrarias.
En este escenario también se realizó el Foro de los Pueblos y Movimientos Sociales “Unidxs por la Tierra, el Agua, los Territorios y la Dignidad”, espacio autónomo de articulación internacional del movimiento campesino y popular.
Como Coordinador Nacional Agrario participamos en ambos espacios con una delegación nacional para presentar nuestras propuestas y advertir que el problema de fondo en Colombia sigue siendo estructural: la tierra continúa concentrada en pocas manos mientras millones de campesinos enfrentan dificultades para acceder a ella y permanecer en sus territorios.
Veinte años después, el problema de la tierra sigue sin resolverse
La ICARRD+20 retoma el debate iniciado en 2006 sobre redistribución de la tierra y desarrollo rural. Sin embargo, veinte años después la concentración de la propiedad rural sigue siendo una de las más altas de América Latina.
Grandes extensiones de tierra continúan en manos de unos pocos propietarios, mientras avanzan proyectos agroindustriales, monocultivos y economías extractivas que presionan a las comunidades rurales a abandonar sus territorios.
Frente a esta realidad, desde el CNA insistimos en que la Reforma Agraria no puede limitarse a programas de compra de tierras o trámites administrativos.
“Si la Reforma Agraria no transforma la estructura de poder en el campo, seguirá administrando la desigualdad”, advertimos durante nuestra participación en la conferencia.
Las propuestas del campesinado en la agenda internacional
El 21 de febrero participamos en una ponencia académica sobre Reforma Agraria presentada junto a la Asociación Nacional de Zonas de Reserva Campesina (ANZORC), como parte de la articulación internacional del movimiento campesino.
Posteriormente, durante el Foro de los Pueblos realizado el 22 y 23 de febrero, compartimos la experiencia de los Territorios Campesinos Agroalimentarios (TECAM), donde las comunidades vienen construyendo procesos de recuperación de tierras, producción agroecológica y gobierno territorial.
Estas experiencias demuestran que la lucha por la tierra no es únicamente productiva. Es también una disputa por el control del territorio, por el agua, por la biodiversidad y por el derecho de las comunidades a decidir sobre su propio futuro.
Para el CNA, la soberanía alimentaria no puede reducirse a un concepto técnico.
“Es una postura política frente al modelo agroindustrial y frente a un sistema que convierte la tierra y los alimentos en mercancía”, señalamos durante las discusiones del Foro.
El Pacto Nacional: un escenario de disputa
La agenda internacional cerró con la firma del Pacto Nacional por la implementación de la Reforma Agraria y Acuaria Estructural, Integral y Popular, así como con el anuncio de un Plan Decenal de Reforma Agraria.
Este acuerdo fue suscrito por el Gobierno Nacional y distintas instituciones con el objetivo de impulsar políticas de acceso a tierra y desarrollo rural.
Desde el CNA reconocemos que este escenario abre una discusión política importante sobre el futuro del campo colombiano. Sin embargo, advertimos que los acuerdos solo tendrán sentido si se traducen en transformaciones reales.
Para que el Pacto tenga impacto concreto debe incluir:
- redistribución efectiva de la tierra
- ordenamiento territorial alrededor del agua
- participación vinculante de las comunidades campesinas
- límites reales a la concentración de la propiedad rural
Si estos elementos no se garantizan, el riesgo es que el Pacto se convierta en una declaración política sin cambios estructurales en el campo.
La Reforma Agraria como proyecto histórico del campesinado
Desde el CNA reafirmamos que la Reforma Agraria Integral y Popular es una propuesta construida colectivamente en el marco de la Convención Nacional Campesina y de los procesos organizativos en los territorios.
Nuestra propuesta plantea no solo redistribuir la tierra, sino transformar las condiciones que han sostenido la desigualdad rural durante décadas. Esto implica reconocer al campesinado como sujeto político, fortalecer las economías campesinas, garantizar derechos para mujeres y juventudes rurales y avanzar hacia un modelo de producción basado en la agroecología y la soberanía alimentaria.
La historia del campesinado colombiano demuestra que las transformaciones profundas no han sido concesiones espontáneas del Estado, sino conquistas logradas a través de la organización y la movilización social.
Por eso reiteramos que la implementación real de cualquier acuerdo dependerá de la fuerza organizada de las comunidades y de su capacidad para defender los compromisos en los territorios.
Desde Cartagena reafirmamos una convicción: sin redistribución real de la tierra, sin participación efectiva del campesinado y sin enfrentar el poder del agronegocio, no habrá Reforma Agraria verdadera en Colombia.